el olor de los libros

Timeo hominem unius libri / Temo al hombre de un sólo libro (Sto. Tomás de Aquino)

Mes: julio, 2015

Será en Venecia

“Venezia la vende ai turisti,
Che cercano in mezzo alla gente l’Europa o l’Oriente”  (Francesco Guccini)

(Venecia se vende a los turistas,
Entre las personas que están buscando a Europa o el Lejano Oriente)

La Fenice

Es una escritora de notable éxito Donna Leon. Estadounidense afincada en Venecia hace ya muchos años. Escribe en inglés, y rehuye de la fama lo que puede. Su serie, protagonizada por el comisario Brunetti tiene un recorrido largo, en España publicada desde 1992. Su serie, entrañable, fue perdiendo fuelle desde hacía bastantes títulos, tanto que terminé por “desenchufarme”. Los libros de Leon tiene un cargante tonillo moralista que termina por hartarme. Y tiene ella una manía no siempre bien disimulada por la Iglesia católica que terminó por molestarme.

Pero como uno es de natural perdonador, le he dado una oportunidad al último título publicado. No diré ni que haya mejorado mucho la serie, ni que me arrepienta de la oportunidad otorgada. Y es debido a que acierta la autora en un par de fragmentos a verbalizar lo que ocurre con la actividad de leer. Les traigo uno que confío en que les agrade como lo ha hecho a mi.

“Esa pregunta la había oído muchas veces. Para una lectora tan empedernida como Paola, leer era una actividad, no un pasatiempo; así que la presencia de otra persona no le aportaba nada. Los hijos distraían a Brunetti, y él le envidiaba esa capacidad de fundirse con el texto y dejarlos a todos atrás. Pero era consciente de que a la mayoría esto le parecía extraño, casi inhumano, así que contestó:

– La educaron de esa forma, leía sola. Para ella es una costumbre.”

Esta entrega de la serie trata del mundo de la ópera, en la que tampoco es que se profundice en exceso (para aprender a disfrutar de la ópera acérquense al programa televisivo “this is opera”) pero le da una pátina interesante.

LEON, Donna

“Sangre o amor”

Seix Barral, 2015

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Teresa de Calcuta, una vida

Considero que como católico tengo la obligación de acercarme poco a poco a todas las vidas de los santos que me sea posible en aras a aprender de ellas y tomando ejemplo imitarlas. Es evidente que debo escoger entre cientos, por lo que las elijo en base a criterios objetivos. Cuanto más alejado de mi tiempo, menos cercano me tenderá a sonar. Los de mi país probablemente me llamarán más. Los que han dedicado su vida a temas de mi interés son susceptibles de despertar en mi mayor ansia de imitación.

A quien no me había acercado aún era a la beata Teresa de Calcuta. Ninguna razón me había impedido hacerlo, pero lo cierto es que no sabía prácticamente nada sobre ella, su vida y su santidad. He puesto remedio, y me alegro. Ahora conozco lo suficiente para poder rogar su intercesión sintiendo que lo hago a una buena amiga.

Se ha publicado un muy interesante libro que sin ser estrictamente una biografía, sirve muy bien a mi propósito, pues hace un recorrido por su vida en el primer tercio, analiza su vida interior en otro y ofrece entrevistas a gente que la conoció en diversas situaciones en el tercero.

Quiero traer dos anécdotas del libro que me parece que hacen justicia a la persona biografiada. La primera está sacada de la interesantísima parte del libro que trata las críticas recibidas por la beata; críticas que se desmontan bastante bien.

“En cierta ocasión, un teólogo que había pasado unos días visitando las obras de Madre Teresa en Calcuta, al ir a despedirse de ella, le dijo:

Lo que están haciendo ustedes es admirable, pero teológicamente están en hace doscientos años.

La respuesta de Madre Teresa fue instantánea.

Peor aún. En hace dos mil años.”

La otra anécdota, sacada de la parte del libro dedicada al anecdotario muestra así mismo su escala de valores, dónde ponía el acento. Madre Teresa era una decidida “papista”, de hecho quiso y logró que su congregación lo fuera de derecho pontificio y no diocesano. Y no era menor su amor a Cristo en el sagrario, las hermanas de la Caridad dedican una hora de adoración diaria. Teniendo esto en consideración, veamos lo que ocurrió.

El 29 de noviembre de 1964 fue la ceremonia de apertura del 38º Congreso Eucarísitico Internacional en la ciudad de Bombay. Cuando se dirigía hacia el lugar en que iba a celebrarse el acto, Madre Teresa vio a dos personas moribundas junto a un árbol. Eran marido y mujer. Sin dudar un instante, se acercó y les dio la mano. Al poco, el marido murió entre sus brazos. Se cargó a la mujer al hombro y la llevó al centro de las hermanas. No asistió a la ceremonia presidida por el Papa Pablo VI a la que había sido invitada.

LÓPEZ DE REGO, Fernando

“Teresa de Calcuta, la persona”

Freshbook, 2015